Mira si no soy el mismo, tócame, date cuenta. Un día quise jugar y ya no había nadie a quien decirle llévame, se escondieron los alrededores, yo, que nunca quise soñar. Todo estaba perdido, me inventaron un nombre. Dejé algunas lunas en los espejos, no fueron las necesarias para marcar las horas, mi voz se convirtió en un ser disociado que descubría entre alientos el exilio, a veces la traición. Llevaba los recuerdos en la sangre, daban vueltas por la jaula, llegaban a mis ojos, a todos los músculos que me permitían ir a buscar; mis manos preferían desfallecer, darse al abandono de una vida sin respuestas, sin pretensiones ni adioses. Y mira si no soy el mismo. El sudor se evaporaba en la densidad precisa para no darme cuenta de estar solo. Y yo andaba bajo el aire y lo sabía, el aroma del veneno se adormilaba en mi sonrisa, tenía el control de mis necesidades y todos mis olvidos y todos. Toda emoción pactaba un desabrigo y en la noche se abrían las miradas como túneles de insomnio hacia el sentido de mi cuerpo. Y las calles andaban por mis pasos, y mis ojos concentraban realidades que el mundo veía. Dejé de creer en el pasado, perdí la última gota en la silueta de la muerte y tuve que vengarme.
miércoles 30 de enero de 2008
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2 comentarios:
tócame, date cuenta... (te faltó decir "de mis ansias fetichistas ajenas a ligas mayores impregnadas de vestidos blancos")...
que lindo que escribes
felicitaciones un placer haber conocido algo de tu mundo..
saluditos
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