miércoles 26 de diciembre de 2007
después del juego
Ella cree que no hay formas de encontrarse, no necesita de palabras o de miedos, dispone de perfiles, de ternuras descubiertas que pronto la abandonan, a veces de una forma de sentarse o de coger un vaso. Yo le digo que miente como mienten todos los boleros, ella no sabe de quien es la cita pero entiende que yo no digo esas cosas con los ojos abiertos y quizás me crea un poco raro. Ella intuye que voy buscando algo como un tonto, que no hay nada que buscar, porque hay que ser jodidamente tonto para buscar algo en medio de tantas constelaciones de espejos sin saber bien donde le queda a uno el centro, si existe algún centro, o decirle que chupe rápido cuando uno tiene la botella y el vaso entre las piernas. Ella no conoce de que lado duermo o como me veo bajo el agua, apenas intenta alcanzarme apago las luces y planeo una huida donde los rastros se pierden tras el riesgo de un mismo camino. Tengo preguntas que hacerle y prefiero callar, percibo cosas que refrenan mis manos, mis maneras de disimular la intemperie, detrás de su mirada ella no existe, fluctúa ondulante en su inconciencia y descubre que el aire la puede despeinar. Usa cicatrices para vivir, las vidas que me quedan, el cigarro en la mano izquierda, la ceniza debajo de la mano. Su boca es transparente y su cabello nocturno, sus dedos encienden ilusiones de las que siempre se arrepiente entre farmacias y baba. Ella elige la velocidad de sus pasos porque sabe que las sombras están hechas de pasado y de piedra. Desentierro las palabras de las que a veces brotan sonrisas o gritos, deseos y madrugadas, se las digo y el engaño debe ser otra cosa. Por ahora el silencio, antes cerrar la puerta, después olvidar. Yo no sé donde empieza mi vida, la de ella termina con la noche. No es difícil saberlo, ella no me recordará y aunque a mí no me importe sucede que no voy a ser yo por la mañana. Yo no lo sé, lo ignoro aún mientras escribo, sencillamente algo va a cambiar. Me anticipo, me vengo del tiempo con la vana complicidad de una memoria rota y un goce inútil, venganza estúpida pero venganza, venganza sin café pero venganza. Trato, y cuántas lunas colgarán de su aliento, cuánto cielo la apartará de su alma. Ella escucha los ecos de los sueños deshechos, las razones podridas de los espías de su mente y me hace una lengua; deslizándose contenta en medio de incontables intentos de fuga, desconcertada en su calma sin el apremio de fingir una piel hecha de secretos que no sabe callar. Deberíamos estar borrachos pero no lo estamos. Luego todo es lo mismo, seguir una línea, mirarse y sonreír, decir nada que. Ella no sabrá donde miraré cuando despierte, qué color, qué niebla, no sabrá la primera gota ni la segunda y el dedo y el fin; si puedo odiar desnudo mientras tirita de ausencias, si me miro al espejo y no hay nada que ver, si me siento morir una vez más. Lo de afuera, lo de adentro, las cosas que no digo y le restan sentido a esto no importan, tal vez una historia en otro laberinto.
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1 comentarios:
magnifico blog,te invito a que visites mi modesto blog para puntuar a otros blog y participar con el tuyo,te dará a conocer un poco mas
gracias
aquiestatublog.blogspot.com
perdona por usar los comentarios
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